

“Una sociedad hipersexualizada y hambrienta de intimidad encuentra en la ternura una revolución”
- La activista y superviviente de trata, Amelia Tiganus reivindica una sexualidad basada en la reciprocidad, el deseo y el cuidado frente a un modelo que convierte cuerpos, fantasías y hasta la disponibilidad afectiva en productos
- ‘La revolución de la ternura’ cerró la primera Jornada de Sensibilización contra la Trata con Fines de Explotación Sexual en la Casa de Colón con una llamada a educar a los jóvenes para reconocerse como sujetos y no reducir al otro a un cuerpo disponible
Nunca habíamos tenido tantas posibilidades de encontrarnos y, sin embargo, quizá nunca había resultado tan difícil hacerlo de verdad. Aplicaciones para conocer personas, pornografía infinita, millones de cuerpos expuestos, imágenes sexuales permanentemente disponibles y una intimidad que también ha aprendido a ponerse precio. En medio de esa paradoja, Amelia Tiganus lanzó una propuesta aparentemente sencilla y profundamente política, la de recuperar la ternura.
La activista y superviviente de trata cerró la primera jornada de las Jornadas de Sensibilización contra la Trata con Fines de Explotación Sexual, organizadas por el Programa Daniela-Oblatas en la Casa de Colón, con la conferencia ‘La revolución de la ternura: sexualidad saludable frente al sistema prostitucional’. Una intervención que llevó el debate más allá de la prostitución para preguntarse qué estamos aprendiendo sobre el sexo, el deseo, el placer y nuestra forma de relacionarnos. “Tenemos una sociedad hipersexualizada y hambrienta de intimidad”, resumió Tiganus. Hay más imágenes, más pornografía, más aplicaciones y más cuerpos disponibles que nunca, pero, a su juicio, todo ese acceso no está produciendo necesariamente mejores encuentros. “¿Qué nos falta teniendo todo el conocimiento que tenemos? La capacidad de encontrarnos”, planteó ante el público.
Su revolución comienza precisamente ahí. No presenta la ternura como sentimentalismo ni como una sexualidad desprovista de intensidad. Al contrario. Para Tiganus significa reconocer a la otra persona como sujeto, prestar atención a sus límites, su incomodidad, su deseo y su vulnerabilidad. “Acceder a un cuerpo no significa encontrarse con una persona”, advirtió. Que el límite del otro sea capaz de modificar nuestro comportamiento, que su incomodidad importe y que exista un equilibrio entre dar y recibir forman parte de esa sexualidad saludable que contrapone al sistema prostitucional.
Consentir es solo el principio
Uno de los momentos centrales de la conferencia llegó al abordar una cuestión especialmente presente entre las nuevas generaciones: la diferencia entre consentimiento y deseo. “El consentimiento no es lo mismo que el deseo. El consentimiento es lo mínimo, partimos siempre de ahí”, señaló. Para Tiganus, la reciprocidad obliga a formular una pregunta más exigente: si las dos personas que participan en una relación sexual están realmente presentes como sujetos.
La activista trasladó esa reflexión a la prostitución. Cuando una mujer mantiene una relación sexual que no desea a cambio de dinero, sostuvo, la transacción económica no elimina la instrumentalización de su cuerpo. “De ahí que insista en que hablar únicamente de consentimiento resulta insuficiente si no se habla también de deseo, reciprocidad y de las condiciones en las que se produce ese encuentro. Y ese aprendizaje comienza mucho antes de llegar a la edad adulta”.
Tiganus trabaja habitualmente con adolescentes y relató cómo ha cambiado incluso el discurso de los jóvenes acerca de determinadas prácticas sexuales violentas. Durante años encontraba chicos que justificaban acciones como escupir o golpear durante una relación asegurando que a las chicas les gustaban. Ahora, explicó, son también algunas adolescentes quienes le aseguran que realmente desean esas prácticas. Para la activista, la respuesta no puede limitarse a aceptar sin más aquello que alguien identifica como un deseo. “También hay que preguntarse cómo se ha construido ese deseo, qué experiencias, imágenes y aprendizajes lo han configurado y qué papel han tenido el género y la pornografía”.
Construir, no solo denunciar
Después de años dedicados a explicar la violencia, la prostitución, la pornografía y el sistema que las sostiene, Tiganus planteó la necesidad de construir también una alternativa. La pregunta es qué modelo de relaciones puede ofrecerse a quienes están creciendo en un entorno atravesado por la inmediatez y por una sexualidad cada vez más expuesta.
Cuando pregunta a personas adultas qué asocian con una sexualidad saludable aparecen palabras como ternura, cariño, placer o conexión. Entre adolescentes, relató, las respuestas son muy diferentes y mucho más concentradas en el acto sexual. Ahí sitúa uno de los grandes retos educativos: enseñar reciprocidad en una sociedad acostumbrada a obtener casi todo de manera inmediata; enseñar a decir sí, pero también no; aprender a recibir un límite; saber sostener la vulnerabilidad del otro y comprender que la intimidad no equivale simplemente a acceder sexualmente a un cuerpo.
Para Tiganus, la ternura es una caricia, un abrazo o una muestra de afecto, pero sobre todo un espacio en el que se puede bajar la guardia. Y es precisamente cuando existe esa seguridad, defendió, cuando puede aparecer el placer.
En una sociedad capaz de poner al alcance de una pantalla prácticamente cualquier cuerpo o fantasía, Tiganus cerró así el círculo de su particular revolución: quizá lo verdaderamente transgresor ya no sea tener más acceso, sino volver a aprender a encontrarnos.
Todas las conferencias serán presenciales y estarán abiertas al público hasta cubrir aforo y sin necesidad de realizar ningún tipo de inscripción. Asimismo, aquellos que no puedan ir de manera presencial tendrán la posibilidad de seguir el evento de forma gratuita a través de la página web www.jornadastratadaniela.com.
Estas jornadas están organizadas por el Programa Daniela-Oblatas y financiadas por el Instituto Canario de Igualdad del Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en colaboración con el Ministerio de Igualdad a través del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, y con la colaboración de la Casa de Colón.